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Publicado por CONSENSO DELICIAS
Ana Gabriela Guevara, doble violencia y discurso de odio
Bien se ha dicho que los crímenes de odio no se limitan
solamente a los homicidios, agresiones sexuales o discriminación
explícitas, sino al discurso que justifica, minimiza, relativiza y
celebra la violencia física y verbal contra quienes por su condición de
género, religión, clase social, pigmentación de la piel o preferencia
sexual son considerados “basura”, “desechables”, merecedores de ser
violentados hasta el grado de exterminarlos, si es posible.
Este ha sido el caso de Ana Gabriela Guevara, senadora del
PT, medallista olímpica, celebridad hace unos años de las televisoras y
ahora protagonista de una doble agresión: la sufrida en la carretera
México-Toluca por cuatro sujetos y la cantidad de mensajes de odio que
se han subido a las redes sociales, especialmente en Facebook, para
minimizar lo ocurrido o relativizarlo.
Durante la conferencia de prensa que ofreció esta tarde en
el Senado, Ana Gabriela Guevara se quebró en el momento que reflexionó
sobre la propia violencia en su contra:
“Yo no uso escoltas, no tengo chofer, ando en mi moto y nunca… más bien promoviendo siempre el buen hacer entre la ciudadanía.
“Creo en mi país y creo que es donde tenemos que trabajar,
no en la violencia, no en promover más violencia y sí en un basta a la
violencia.
“Ayer nunca pensé que fuera a pasar esto. Me toca a mí.
Nunca desde el momento en que descendí de la moto hice uso de ninguna
índole de poder ni de prepotencia. Nunca puse mi nombre por delante,
nunca dije quién era y nunca dije que era senadora de la República. Fui
ecuánime y aguanté cada uno de los golpes que me dieron y esto que hoy
ven, que podía haber seguido esta conferencia con lentes, pero quiero
que la gente me vea”.
En este momento, Guevara se quitó los lentes oscuros. Se vio el derrame y la inflamación en el ojo derecho.
“Tal vez si hubiera tenido los huevos de enfrentarse conmigo
solo hubiera podido hacer algo, por lo menos, meter las manos, pero no
con cuatro; no con cuatro que me atacan por la espalda y cuatro que me
tiran al piso y me patean.
“Eso se llama cobardía aunque fuera entre hombres y como
fuera, porque ni los animales se atreven a atacar entre cuatro a uno
solo. Esto que hoy me toca vivir tiene que ser por algo y para algo”.
En el momento en que Ana Gabriela Guevara decía esto, en la
transmisión por Facebook Live, decenas de mensajes no escuchaban ni
leían lo que estaba diciendo la atleta. Se fueron por el recurso de la
burla, el insulto y el chiste de tintes lesbofóbicos. El resentimiento
social por su condición de senadora. Las elucubraciones fáciles de que
se trata de una “cortina de humo”.
La falta de empatía que inunda el estado de ánimo social de
las redes con mucha frecuencia volvió a aparecer de forma escabrosa.
Aquí tan sólo algunos ejemplos, muchos de ellos redactados por mujeres:
“Como es senadora, entonces sí van a mover todas las dependencias para agarrar a los agresores”…
“Te auxiliaron porque eres figura pública. Pero hay miles que viven lo mismo y no se hace nada”…
“Hay miles de mujeres violadas a diario y ellas no están chillando”.
“NO cabe duda que cuando quieren hacer pinche teatro lo hacen para distraer al pueblo”…
“Que chinguen a su madre ella, el Senado de la República y el América”.
“No me alegra, pero así como le dolió a ella nos ha dolido a muchas”.
Es una campeona olímpica. Es una mujer. Es una ciudadana
antes que una senadora. Es un testimonio cruel que visibiliza justo lo
que sucede cotidianamente.
Y, pese a ello, la anestesia de la ignorancia y el egoísmo social prevaleció en buena parte de los mensajes.
En su comunicado de condena a esta agresión, el Inmujeres puso el acento en un punto que a todos se les olvida:
“La violencia contra las mujeres es un obstáculo para el
desarrollo y la democracia de cualquier país y un compromiso de todos:
las familias, las escuelas, las empresas, los medios de comunicación y
la sociedad en su conjunto para cambiar una cultura que tolera la
violencia contra las mujeres y las niñas, y que debe quedar atrás”.
Por desgracia, no ha quedado atrás. Se ha multiplicado en
esta especie de anomia moral y odio social que “normaliza” la brutalidad
y vuelve a muchos de los usuarios de las redes sociales incapaces de
distinguir entre radicalidad y pobreza humana.

